Es de destacar que todo cambio puede producir estrés: exámenes, fiestas laborales, exigencias del trabajo y/o la familia, eventos sociales a los cuales es necesario asistir, momento de balances, época de replantear proyectos a futuro, encuentros con familiares, amigos, etc. Siempre, ante este tipo de situaciones conflictivas, hay un intento de adaptación de la persona a determinadas exigencias del medio que lo rodea. En el caso normal y deseado, se ponen en marcha mecanismos que preparan la psiquis y el organismo, para favorecer la adaptación, como el desarrollo de capacidades intelectuales y físicas para enfrentarlo.
Pero también puede suceder que, cuando fracasa el intento de adaptación, la persona se vea a sí misma con incapacidad de recursos para afrontarla. Entonces, el individuo agota recursos, y enferma, es decir, se estresa.

Cabe destacar que el estrés es la respuesta fisiológica o psicológica que manifiesta una persona ante una estímulo o estresor ambiental. No está mal tenerlo, lo que no hay es que “sufrirlo”.

Cuando el estrés incapacita o dificulta el normal desenvolvimiento de la persona, es ahí donde hay que consultar con un especialista.

Existen dos tipos o formas de estrés. Uno de estos es positivo y se lo denomina Eustrés y el otro es negativo y se lo llama Distrés.

El ESTRÉS POSITIVO o eutres es la respuesta adecuada tanto a nivel psicológico como fisiológico a un estímulo. Este estrés permite el funcionamiento del organismo y la adaptación al medio por lo que es indispensable para nuestro funcionamiento y para nuestro desarrollo.

El ESTRÉS NEGATIVO (DISTRÉS) Ocurre cuando las demandas del medio son excesivas, intensas y/o prolongadas, y superan la capacidad de resistencia y de adaptación de la persona. Este tipo de estrés produce en el individuo malestar corporal y psicológico.

Señales para detectar el estrés

Hay que tener en cuenta que sentir cansancio no es sinónimo de estrés como muchos dicen, utilizando esta palabra en esos casos de agotamiento. Por lo cual desde el CEETA advierten sobre algunas señales a tener en cuenta para dilucidar la diferencia.

La respuesta de nuestro organismo al estrés se traduce en síntomas físicos (corporales), síntomas cognitivos (pensamientos y emociones) y/o síntomas comportamentales:

Síntomas Físicos: taquicardia , aumento de la tensión arterial , palpitaciones, opresión en el pecho, palidez, sensación de ahogo, ritmo respiratorio acelerado, dificultad para respirar, nauseas, dificultad para tragar o sensación de atragantamiento, diarreas, aumento o disminución del apetito, sensación de falta de aire, cólicos intestinales, aerofagia o tragar aire, orinar frecuentemente, sequedad de boca, sudoración excesiva, sensación de desmayo inminente, temblores, hormigueos, cefaleas, dolores y contracturas musculares, hipersensibilidad a ruidos, mareos e inestabilidad , fatiga y agotamiento excesivos.

Síntomas Cognitivos: ansiedad o angustia, sensación de inseguridad, aprensión, preocupación, sentimientos de inferioridad, incapacidad para afrontar situaciones, sentimientos de amenazas, anticipación de peligros, Indecisión , apatía , perdida de objetividad y de la capacidad para pensar con lucidez.

Síntomas Conductuales: Inquietud o hiperactividad, parálisis motora o inmovilidad, movimientos torpes, temblorosos, desorganizados, tics, tartamudeos, comportamientos de evitación o alejarse de situaciones temidas.

– Cómo se previene? El estrés se previene:

• Buscando un estado físico y emocional más saludable.
• Conociendo y manejando las situaciones que nos provocan estrés para poder reducir y eliminar las manifestaciones del mismo.
• Aprendiendo a realizar entrenamiento en Relajación. (Dado que la relajación devuelve al organismo su estado natural de equilibrio, normaliza los procesos físicos, mentales y emocionales).

Consejos para eliminar o bajar el estrés

No preocuparse por aquello que no se puede controlar
Hacer algo con relación a lo que sí la persona puede controlar
Prepararse lo mejor posible para posibles situaciones a enfrentar, que son agentes de estrés, como exámenes, entrevistas laborales, eventos sociales y otras
Pedir ayuda Vs. el “yo puedo todo solo”
Aprender a delegar VS. “Yo lo hago Mejor que los demás”
Fijarse metas cortas y realistas
llevar un registro escrito de las tareas a realizar para que no ocupen lugar en nuestra mente. Jerarquizar las tareas según el grado de importancia
Hacer actividad física, salir a caminar
Seguir una dieta balanceada de acuerdo a las necesidades calóricas de cada uno
Corregir pensamientos catastróficos
Procurarse pequeñas satisfacciones cotidianas
Evaluar realísticamente el tiempo que nos va a llevar cada tarea para realizar una adecuada planificación de nuestras tareas. Ello evitara corridas innecesarias.
Reservar momentos del día para el descanso, actividades sociales y recreativas.
Tomarse un tiempo para los intereses y pasatiempos personales
Rescatar los aspectos positivos de las situaciones y no sólo centrarse en los negativos.
Planear actividades divertidas.
Asegurarse de dormir lo suficiente. Los buenos hábitos de sueño son una de las mejores maneras de manejar el estrés.
Adoptar un estilo de vida que respete nuestras necesidades biológicas, psicológicas y sociales
Evitar la queja dado que la misma no nos permite definir el problema ni encontrar una solución o cambio a lo que nos preocupa.
Ser realistas
Disfrutar sin penitencias
Escuchar al cuerpo cuando nos pida que disminuyamos la velocidad o que tomemos un descanso.
Técnica para resolver problemas concretos

Finalmente, el CEETA recomienda una técnica efectiva para la resolución de problemas concretos, en 8 pasos.

1- Definir el problema

2- Descomponerlo en pequeñas partes

3- Analizar causas posibles del problema

4- Identificar un conjunto de posibles soluciones

5- Seleccionar una solución

6-Desarrollar un plan de acción

7-Poner en práctica el plan de acción selecto

8-Evaluar el proceso

Y también hay que tener en cuenta realizar meditación, yoga o ejercicios de respiración o relajación; una música tranquila o los propios sonidos de la naturaleza ayudan a encontrar el punto de relajación adecuado.

Lograr comunicarse acertivamente para evitar “malos entendidos” y poder expresar correctamente lo que queremos decir.

Organizar las tareas, no dejar pendientes porque esto queda en nuestra cabeza y no permite la relajación. Organizar correctamente de acuerdo con objetivos y prioridades.

Disfrutar de momentos en familia, con lo que nos gusta, caminar, hacer ejercicio físico o simplemente “nada”.

Una buena alimentación, saludable y balanceada, ayuda a bajar los niveles de estrés.

Intentar dejar de lado las multitareas, abocarse a un tema por vez, para destinarle a cada cosa el tiempo y la atención que se merece.

Es bueno también darse los gustos, ocuparse de uno, hacer lo que a uno le reconforta ayuda a nivelar la ansiedad y manejar el estrés.

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